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Nuestro cuerpo se enfrenta a muchos cambios conforme nos vamos haciendo mayores. La falta de apetito es uno de esos cambios. Puede tener muchos orígenes distintos, pero en cualquier caso es algo que se debe vigilar puesto que podría suponer una falta de aporte de nutrientes esenciales.

Alimentarse menos de lo debido hace que carezcamos de energía, y eso se traduce en cansancio y fatiga, tanto física como mental. Estas dos sensaciones restan mucho bienestar y pueden ser un auténtico problema para los más mayores, que además afrontan otros cambios fisiológicos.

Causas de la falta de apetito

La falta de apetito se denomina hiporexia, y queremos que contéis con unos cuantos trucos para aprender a evitar esa falta de apetito y el consiguiente cansancio si ya tenéis unos cuantos años, o que podáis aplicarlos en el día a día de vuestros mayores.

En la tercera edad se puede perder parte del olfato y el gusto (al igual que ocurre con otros sentidos como el oído o la vista, es simplemente parte del proceso de envejecimiento. Esto hace que comer ya no sea percibido como un placer como antes y que se pierdan las ganas.

A esto se le suma el hecho de que la actividad física normalmente disminuye, así que el estómago reclama menos alimentos. El sedentarismo, desde luego, es el enemigo de una tercera edad saludable (en la medida en que sea posible evitarlo).

Las circunstancias anímicas tampoco ayudan: los cambios en la vida de las personas mayores (soledad, pérdida de seres queridos, incapacidad, ingresos en residencias o mudanzas a casas de familiares…) pueden acarrear falta de apetito o hiporexia.

Por supuesto, si la falta de apetito es muy llamativa, habría que acudir a la consulta del médico para descartar cualquier tipo de enfermedad que pudiera estar causándole.

Planificar y marcar objetivos es muy importante: planificar la cantidad de calorías y nutrientes que necesita una persona cada día nos puede ayudar a la hora de abordar una estrategia para despertar su apetito.

En principio y para evitar la sensación de hartazgo, es mejor repartir los alimentos del día en cinco comidas, sin saltarse ninguna. Es mucho mejor contar con los refuerzos de un almuerzo (entendido como un segundo desayuno a media mañana y antes de comer) y una merienda.

Cuidar texturas y temperaturas también será clave para animar a comer. Una comida muy caliente sacia antes que una a menor temperatura. Si hay problemas de masticación, será conveniente encontrar la textura que mejor se adapte a sus necesidades.

 A la falta de apetito también se la combate a través de los gustos y preferencias personales. Los alimentos favoritos se comerán mucho más fácil, así que usarlos es una decisión estratégica.

A partir de estas pautas, se trata de introducir tanta energía como sea posible, ya que esta disminuirá el cansancio y a su vez estimulará el apetito.

Para ello tenemos dos opciones que no se excluyen entre sí, sino que pueden combinarse para obtener excelentes resultados. Por un lado, se pueden aportar refuerzos a través de suplementos alimenticios como B Complex y por otro se tratarán de escoger alimentos que sean muy ricos en energía.

Aporta fuerza, vitalidad, mejora el sistema inmune y el tránsito intestinal y ayuda a los huesos a mantenerse en buena forma. Si lo combinamos con una alimentación repleta de energía, seguro que recuperaremos la vitalidad perdida.

Alimentos energéticos

Preparar batidos con leche, yogur o requesón con frutas es una gran manera de ingerir calorías de calidad con muchas vitaminas y fibra. También los frutos secos y las semillas serán aliados perfectos en la lucha contra la falta de apetito. Se pueden moler y mezclar con harina para realizar masas o colocarlas como delicioso topping en ensaladas.

Tener a mano frutos secos para utilizarlos como snack si se despierta el apetito será una decisión acertada: uvas pasas, ciruelas, orejones, almendras, pistachos o nueces serán nuestros aliados.

En general las frutas, dulces y refrescantes, pueden aportar mucho a una persona con falta de apetito y cansancio. Son fáciles de tomar en cualquier momento del día y si están de temporada constituyen deliciosos bocados repletos de sabor.

La mantequilla de maní es muy nutritiva, tanto o más como el aceite o la mantequilla. Y cualquier de ellos puede aportar mucho a un simple trozo de pan o un aliño. Las sopas se pueden enriquecer con el simple gesto de introducir un huevo escalfado o cocido bien picado. Y por último no debemos olvidar las humildes, sabrosas y nutritivas legumbres. Versátiles, resultonas y alimenticias además proveerán a nuestros mayores de una cantidad de fibra nada desdeñable.

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